1966 o El Año en que la Música Popular se Puso Pantalones Largos

3 de agosto 2016
por Mauricio Jurgensen.
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La Católica ganaba el campeonato local y al otro lado del Atlántico los ingleses levantaban la Copa del Mundo con uno de los goles más polémicos de la historia de los mundiales. Walt Disney moría de cáncer a los 65 años de edad y Claude Lelouch estrenaba una película tan entrañable como Un Hombre y una Mujer. El Festival de Viña del Mar celebraba su séptima versión con la conducción de Raúl Matas y el aeropuerto de Pudahuel ultimaba detalles antes de su inauguración oficial que ocurriría un año después. 1966, como la vida misma, fue un año de luces y sombras, pero si hubo algo que le permitió ganarse el derecho a la posteridad fue haber escenificado el momento en que la música popular se puso pantalones largos.

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The Sounds of Silence, de Simon & Garfunkel (7 de enero); Aftermath, de The Rolling Stones (15 de abril); Pet Sounds, de The Beach Boys (16 de mayo); Blonde on Blonde, de Bob Dylan (21 de mayo); Revolver, de The Beatles (5 de agosto) y Face to Face, de The Kinks (28 de octubre) fueron sólo algunos de los títulos que le demostraron al mundo durante esos 12 meses que la música pop podía servir para algo más que “entretener a la juventud”. Al contrario, el espesor compositivo y el alto vuelo lírico de melodías como The Sounds of Silence, Under My Thumb, God Only Knows, Just Like a Woman, Eleanor Rigby, Sunny Afternoon -todos clásicos respectivos de la gran cosecha del ‘66- son las pruebas más concretas de la madurez del género y de cómo estos músicos empezaron a pensar en obras grandes más que en una simple colección de hits para llegar a las radios o vender sencillos.

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1966 fue un año que los enciclopedistas señalan como de ruptura y crecimiento, previo a la explosión de la sicodelia de fines de los 60 y del nacimiento de grandes eventos tipo Woodstock en 1969 que hermanaron para siempre la noción del espectáculo masivo y litúrgico con la música en vivo. El resto del mundo, y Chile en particular, también vivió durante esa temporada irrepetible un quiebre definitivo. Entre Mar y Cordillera, de Patricio Manns, el título homónimo de Rolando Alarcón, el debut de Víctor Jara y, sobre todo, Las Últimas Composiciones, de Violeta Parra, undécimo de la esencial cantautora y aparecido a fines de ese año, consolidaron con justicia a la Nueva Canción Chilena como un género definitivo en el mundo híper ideologizado de la época y que además tomaba distancia de la frivolidad lírica de otros estilos como la Nueva Ola que habían monopolizado el gusto popular durante los primeros años de los 60.

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La música cambiaba con el mundo, pero la revisión de 1966 también fue escenario de un viejo debate entre lo trascendente y lo frívolo, entre lo esencial y lo desechable. Porque Frank Sinatra, que ya era uno que venía de vuelta en esa época y que no aparece en ninguna revisión sobre esa temporada, fue el propietario de Strangers in the Night, la canción más exitosa del año en Estados Unidos e Inglaterra, tal como el Pollo Fuentes en Chile con Te Perdí, por lejos el tema más tocado en radios nacionales durante 1966. Quizás eran muestras de una forma de ver la música que todavía no aflojaba del todo o más bien el sano contrapunto de un año que sólo pudo ser observado con justicia décadas después. Como ahora que miramos ese cancionero de hace medio siglo con nostalgia, emoción y la certeza de que en 1966 la música popular dejó de ser anecdótica para convertirse en esencial.

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