The Broken Circle Breakdown: Dolor al ritmo del bluegrass, por Daniel Canala-Echevarría S.

26 de mayo 2014
por Gap Chile.
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No hay dos opiniones al respecto. No existe mayor preocupación para un padre y una madre, que tener a un hijo enfermo. Angustia, impotencia y cansancio son las más obvias consecuencias para cualquier pareja, entregada a lo que los médicos, la ciencia y la propia naturaleza hagan o dejen de hacer. Y si se trata de una enfermedad tan devastadora como el cáncer, este sentimiento está condenado a mutar a un dolor devastador, cargado de  culpa y de rebelión ante quién sea que dé orden al mundo.

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Ése es el argumento principal de esta cinta belga, que se centra en la vida de Didier Bontinck (Johan Heldenbergh), quien toca el banjo en un grupo country amateur, y Elise Vandevelde (Veerle Baetens), una tatuadora. Ambos se conocen en la tienda de esta última y dan pie a una relación de cuyos detalles nos vamos enterando lentamente, debido a los constantes saltos temporales que nos llevan del presente a los distintos momentos del pasado de la pareja.

Sus encuentros en la camioneta roja de Didier, el anuncio de Elise de que está embarazada, su matrimonio oficiado por un amigo imitando a Elvis… toda la información va llegando de a poco, como si Felix van Groeningen, su director, quisiese revelarnos a cuentagotas el contexto en que se desarrolla este drama. Pero ya desde un principio sabemos que esto viene mal: a la pequeña Maybelle, hija de ambos, le detectan cáncer. Una noticia que lo cambiará todo. Todo.

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Quizás uno de los grandes méritos de esta cinta es abordar este tema sin caer en la sensiblería barata, ni en el efectismo del dolor y la enfermedad para buscar la lágrima fácil. Las actuaciones son verosímiles, mientras el guión revela a la perfección cómo los protagonistas sucumben a las más intensas emociones provocadas por el desconsuelo. Todo lo anterior utilizando la música –excepcional banda sonora al ritmo del bluegrass, realizada por Bjorn Eriksson– como hilo conductor de la historia y la vida de Didier y Elise. Ambos personajes, tan dispares entre sí, encuentran un momento de intensa comunión arriba del escenario, cantando frente un público completamente embelesado.

 

Sin duda alguna, nos encontramos frente a una cinta extremadamente dura y angustiante, pero que al mismo tiempo destaca por su honestidad y belleza, argumentos que, entre otros, la llevaron a ser nominada al Oscar 2014 a mejor película en lengua extranjera. Ojalá podamos verla este año en la cartelera local, aunque –si lo hace– probablemente llegue bajo el nombre de “Alabama Monroe”, en referencia a un pasaje de la película que, para no caer en spoilers, no comentaré.