Cambio de piel

8 de julio 2016
por Mauricio Jurgensen.
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La culpa la tuvo Flea. Porque sin pensar en sus entonces 52 años de edad decidió subir a la cumbre para practicar snowboarding y terminó con el brazo quebrado en cinco partes y unas fotos posteadas en su cuenta de Instagram que daban cuenta del desastre que eso también provocaba en los planes inmediatos de su banda.

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Esto pasó en febrero de 2015, cuando el conjunto que fundó en 1983 junto al vocalista Anthony Kiedis (53), ya trabajaba sobre más de 20 temas nuevos con su productor de siempre, el barbudo Rick Rubin que efectivamente supervisó todos los discos de Red Hot Chili Peppers desde 1989 hasta 2011, incluidos los más relevantes de su carrera como Blood Sugar Sex Magik (1991) y Californication (1999).

Pero el inesperado porrazo del bajista no sólo interrumpió por seis meses el proceso de preproducción del nuevo álbum: también enseñó puertas que nadie tenía pensado abrir en la interna de la banda californiana. La pausa forzada instaló una duda razonable ¿no será hora da cambiar y de salir de nuestra zona de confort? Y justo ahí, en la mitad de ese cuestionamiento clave, Anthony Kiedis se topa en una fiesta con Brian Burton, más conocido como Danger Mouse (Gnarls Barkley, Gorillaz, The Black Keys), y la casualidad finalmente decantó en un plan concreto: había que grabar este nuevo disco con un nuevo productor.

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Quedaba eso sí lo más difícil, decirle a Rubin que iban a trabajar con otro. Pero como pasa con los amigos de verdad, el viejo colega entendió y dejó la pista despejada para que sus compinches de siempre volaran con libertad. Y eso es precisamente lo que se escucha en The Getaway, cuya traducción al español es “La Huida” y que podría ser interpretada también como una fuga de las viejas formas. Como un escape del molde que venían repitiendo desde hace años.

Eso es lo más notable del primer álbum en cinco años de Red Hot Chili Peppers, undécimo de su carrera y quizás el mejor desde By the Way (2002). Que permite escuchar al grupo de siempre, pero como nunca antes los escuchaste. Suena retórico, pero es cierto: las 13 canciones de este disco grabado en su querida California y que se liberó en plataformas de escucha digital a mediados de junio, ofrece una posibilidad única para un colectivo de su trayectoria que es oírlos con nuevas ropas, distintos, con una nueva piel tal como se advirtió de entrada con el primer sencillo Dark Necessities. Una elección discutida en la interna y que también sirvió para medir el nivel de la responsabilidad que le fue otorgado a Danger Mouse.

En concreto, el grupo quería Go Robot como primer sencillo, pero fue la opción del productor la que finamente se impuso como adelanto oficial. Otro gesto de grandeza para músicos que no están muy acostumbrados a ceder (con 80 millones de copias vendidas, digamos que han tomado las decisiones correctas) y que incluso han contado que cuando llegaron con sus maquetas, esas que estaban trabajando con Rick Rubin, el nuevo encargado desechó varias de esas propuestas y los mandó con tareas para la casa.

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Danger Mouse quería escuchar algo más. Algo distinto. Y así fue como nacieron algunas de las mejores de esta nueva producción como We Turn Red, Feasting the Flowers y Sick Love (con Elton John al piano). Canciones que además sintetizan otro de los triunfos artísticos de este retorno: escuchar finalmente a Josh Klinghoffer, el guitarrista que tuvo la difícil misión de reemplazar a John Frusciante (pieza clave en el sonido más clásico de la banda) y que había tenido un tímido desempeño en I’m With You (2011), el primero con este conjunto. Ahora las cosas son distintas, el grupo se escucha aceitado y, ya está dicho, renovado. Algo que no estaba en los cálculos de nadie. Ni siquiera de ellos mismos.