De otro planeta

31 de mayo 2013
por Manuel Maira.
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En ese océano infinito y digital en que navega la música en estos días, hay demasiadas cosas buenas pero muy pocas cosas demasiado buenas. Los más entusiastas corren a bajar lo último del último grupo apostando a ser los primeros en descubrir la última gran cosa. Pero excepto contadas excepciones, el ejercicio no pasa más allá del entusiasmo.


En ese océano infinito y digital, Daft Punk logró sobresalir de entrada, incluso antes de lanzar su primer disco en ocho años. Unos cuantos clips con adelantos de colaboraciones estelares, un single tan irresistible como “Get lucky” y una ingeniosa promoción como asociarse a Saint Laurent y tener presencia en las pantallas del último Coachella, terminaron por convertir su nuevo material en la música más esperada del último tiempo.


Con la expectativa a tope alimentada por los mismos dos robots que dieron un golpe a la electrónica bailable con ese impecable disco llamado “Homework” (1997), la dupla entrega un soberbio cuarto disco que hace ver ese clásico como una etapa adolescente en el desarrollo de su carrera. Porque en vez de llegar a lo bailable desde las secuencias frenéticas, Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo llegan a la pista desde un lugar análogo, con instrumentos, con menos beats por minuto, con más calma y la mirada puesta en el disco de los 70 y el pop de los 80, sin abandonar esos toques robóticos que han hecho de Daft Punk una marca registrada.


Con “Random access memories”, Daft Punk ha logrado concentrar la atención del mundo, en días en que la tendencia a la segmentación hace cada vez más difícil esa tarea. Los robots están en todas partes. En portada de revistas, en afiches en las calles, en disquerías y en los audífonos de millones de personas que cayeron ante un disco lleno de detalles, desde la producción misma hasta el arte de tapa que cita al clásico “Thriller” de Michael Jackson.


Uno de los mejores ejemplos de esta aventura, lo encontramos en la canción-homenaje a Giorgio Moroder, donde el legendario productor italiano cuenta su historia enmarcada en un robótico viaje a un electro-jazz de otro planeta.
Mirando solamente los números, cuatro discos en casi dos décadas podría ser poco. Pero quedándonos con la calidad del material que entrega Daft Punk, podemos decir dos cosas: que es mejor aparecer cuando se tiene algo importante que decir y que estamos ante dos genios que al ponerse sus máscaras pueden hacer lo que quieran y les sale bien.