Dejar de mirarnos el ombligo

7 de junio 2013
por Ignacio Franzani.
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Fue en el avión de regreso cuando me topé con Mario Mutis en el asiento de al lado. Yo venía de un inolvidable encuentro sobre el Barroco en Arica y los pueblitos del altiplano mientras que él, junto a Los Jaivas,  volvía de la Fiesta de la Vendimia en Codpa, a unos 100 kilómetros al sureste de la ciudad, donde tocaron para quince mil personas y bebieron mostos locales en una verdadera bacanal.

Justo antes de lanzarnos a conversar sobre nuestra experiencia nortina, estuve hojeando la típica revista de la aerolínea donde se presentaban las estrellas que llegaban de todo el planeta al mundial de Bodyboard. Todo el mismo fin de semana. Todo en Arica.

Expositores de España, Suiza, Canadá, EEUU, México, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú, Argentina, Brasil y Chile se encontraban por primera vez en la ciudad más al norte de nuestro país para reflexionar sobre la influencia del Barroco en Latinoamérica. Esa corriente artística que abrazó las más diversas disciplinas europeas durante el siglo XVII y que luego llegó a esta parte de América de la mano de conquistadores y sacerdotes.

Más allá de las referencias históricas, lo más alucinante fue la música de un conjunto proveniente de la selva Boliviana. Cerca de quince artistas montan un verdadero espectáculo de canto, sonidos instrumentales, bailes y actuación. El ensamble de Moxos opera a partir de una escuela gratuita que instruye niños en riesgo social y desde la pobreza más extrema ven como sus vidas se salvan gracias a un violín que conocen desde que tienen uso de razón. Tocan sólo en iglesias y corresponden a la herencia cultural de las misiones jesuitas en el Amazonas. Templos en todo el mundo los han recibido y su vocalista es la favorita de Evo Morales.

Su presentación más notable fue en Belén, un pequeño poblado a 3.249 msnm. Medio apunado, tomando té de coca en medio de la lluvia y el frío del altiplano pude verlos ejecutar sus instrumentos en una remota iglesia que data del siglo XVII y que la historia nombra en sus libros recién por 1739.

Belén es un pueblito impresionante, místico y perdido. El secreto mejor guardado de la llamada Ruta de las Misiones de Arica y Parinacota. En el poblado no habitan más de sesenta personas, que a paso cansino, trato cariñoso y con el mejor queso de cabra que he probado en mi vida, se convierten hoy en una especie de San Pedro de Atacama pero sin la invasión turística que terminó por matar la cultura local y dejar a gringos en vez de nativos. Este es un oasis en medio del desierto, un pedazo detenido de la historia que significó el sitio de abastecimiento más importante de los españoles en su camino que los llevaba desde Potosí hasta Arica.

Apenas llegué a la ciudad de la eterna primavera me conseguí una buena bicicleta y la cubrí de punta a cabo. Seis horas de pedaleo relajado por la costanera, desde unas cuevas hasta el llamado humedal, con el Morro siempre  a mis espaldas. Creo que no hay mejor forma de conocer una ciudad que en dos ruedas. Otra perspectiva, otra energía.

Con Mutis hablamos de todo esto y más en ese avión, pero lo que más me resuena es volver a comprobar desde la capital lo poco que sabemos y conocemos de nuestro propio país, el poco interés y la más insolente ignorancia sobre atractivos invaluables que tenemos a un par de horas en avión. Los chilenos hace un rato que estamos privilegiando el viaje al extranjero que recorrer nuestro desierto, islas, valle central o sur profundo. Los argumentos de que otros países salen más barato y parecen ser más estimulantes ya no son excusas. Los paisajes, gastronomía, rutas turísticas, capacidad y calidad hotelera en Chile de un tiempo a esta parte ya no tienen mucho que envidiarle a las ofertas fuera de nuestras fronteras.

Ese compatriota que trabaja duro todo el año encerrado en una oficina para invertir sus únicas tres semanas de descanso en un resort -all inclusive-caribeño frente a una piscina y palmeras con una caipiriña en vaso plástico, haciendo de esto un loop que durará 21 días; no gracias. En ese lugar todo será predecible. Si el año se nos pasa volando producto de la rutina, ¿por qué no rompemos esa inercia e inventamos algo nuevo? Partir por casa puede ser un buen comienzo.

 

Referencias.

www.fundacionaltiplano.cl

www.aricanativa.cl

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