Ésta era la plaza más linda de Chile

24 de mayo 2013
por Rodrigo Guendelman.
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Hubo un tiempo en que fue el Kilómetro Cero del país. Hubo un tiempo en que ningún lugar semejante podía competir con su belleza y elegancia. Los tiempos pretéritos fueron mejores para la Plaza de Armas de Santiago. Hoy, los kilómetros se cuentan desde la intersección de Alameda con Manuel Rodríguez. Y desde fines de los noventa, cuando fue sometida a una remodelación extrema, parte importante de sus jardines y plantas fueron reemplazas por suelo duro.

Viajemos al pasado. Guillermo Renner, un paisajista francés que nació como Guillaume hasta que se vino a vivir a nuestro país, fue el responsable de diseñar el Parque Cousiño (actual Parque O´Higgins) así como los jardines del ex Congreso Nacional y el Club Hípico, de transformar el Cerro Santa Lucía en un parque público y, por supuesto, de remodelar la Plaza de Armas de Santiago. Para esto creó, en 1896, un jardín irregular con araucarias, cedros, ceibos, encinas, palmeras y pataguas. El resultado lo pueden ver en las fotos que acompañan esta columna. Simplemente hermoso. Fino. Distinguido.

Un lugar donde todos querían estar y del cual los capitalinos se sentían orgullosos. Y que nos ha acompañado desde el principio. La Plaza de Armas surgió con la  fundación de la ciudad, el 12 de febrero de 1541. Es, de hecho, el cuadrilátero a partir del cual se trazó el diseño inicial de la urbe. Algo habitual en cada lugar que conquistaban los españoles: las ciudades se fundaban con un patrón arquitectónico común, el damero o plano de cuadrícula, idea cuyo origen está en el campamento militar romano. Tan eficiente para la defensa como práctico, pues permitía un reparto equitativo de los terrenos al ser todos similares en su geometría.

Hasta fines del siglo 19, la plaza más importante de Chile carecía de flora, no había verde, todo era de una estética espartana. Entonces, siguiendo la tendencia europea, el lugar fue forestado con árboles y bellos jardines. Era la mano de Guillermo Renner y su conocimiento experto el que le dio vida y prestancia a un hito fundamental de Santiago. Por eso, fue al menos polémica la decisión tomada en 1998 y que implicó deforestar un gran porcentaje de esa maravillosa obra paisajística. Dicen que incluso las cuatro calles que la rodean, Catedral, Monjitas, 21 de Mayo y Estado, soltaron una lágrima.