The Grand Budapest Hotel: La llave de Wes Anderson para acceder a nuevas audiencias, Por Daniel Canala-Echevarría

10 de abril 2014
por Gap Chile.
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Pocos directores son en la actualidad capaces de provocar, a la vez, tanto fanatismo y tedio como Wes Anderson. Con tan sólo ocho películas en su filmografía –que siempre destaca por un cuidado trabajo de fotografía, maravillosos planos abiertos, una perfecta combinación de colores y un elenco amplio y envidiable por cualquier otra producción–, este estadounidense se ha ganado poco a poco un lugar en aquella reducida lista de realizadores “de culto”, que despiertan tantos aplausos para unos, como bostezos para otros.

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Y quizás el gran atractivo de su último trabajo –“The Grand Budapest Hotel”, estrenada esta semana en nuestro país– sea haber podido conciliar las reacciones y generar una gran y casi unánime impresión positiva, una agradable sensación de estar frente a una obra distinta, importante, que, de no verse afectada por su temprano debut durante 2014, debiese ganar varios premios a fines de este año. Se trata probablemente de la película más brillante y divertida del director oriundo de Texas, quien esta oportunidad lleva a un nuevo nivel su particular visión estética y estilo narrativo.

Con un excepcional reparto, una dirección artística sobresaliente y unos diálogos tan ingeniosos como hilarantes, la cinta se erige con toda seguridad como uno de los grandes filmes que veremos durante los próximos meses. Si bien a Anderson siempre se le podrá criticar su excesivo cuidado por la forma en desmedro del fondo, en esta oportunidad pareciera haber disminuido considerablemente esa brecha. O tal vez la experiencia a nivel estético sea tan profunda y espectacular, que nos importa poco el escaso peso del argumento. A todas luces, la principal cualidad de la película no está en su guión, pero resulta imposible desconocer los esfuerzos del director por embriagarnos con su sentido narrativo y visual, que termina siendo un verdadero placer.

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A lo anterior contribuyen dos elementos tan relevantes como los ya mencionados. Uno es la banda sonora, que acompaña el desarrollo de “The Gran Budapest Hotel” como un personaje más, lleno de fuerza y vida propia. De la mano de Alexandre Desplat, uno de los mejores compositores de música de cine de la actualidad, el desarrollo de la historia y toda su potencia estética se ven reforzados por una percusión y un ritmo que destacan por sí mismos. El otro recurso es la paleta de colores utilizada por el director, la que en esta ocasión suma a los acostumbrados tonos pastel, diversos colores fuertes y brillantes con una carga estética particular.

En resumen: si los tienes, deja de lado tus prejuicios sobre el trabajo de Wes Anderson, hazte un favor y ve esta película, que no por nada ganó el Gran Premio del Jurado del último Festival de Berlín. Sin duda alguna, ésta será una excelente oportunidad para que el estadounidense rompa con ciertos recelos que pesan sobre su obra y acceda definitivamente a nuevas audiencias.

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