Las 5 intervenciones urbanas más notables de Santiago

Dejó la escoba. En 1969, el artista Juan Pablo Langlois impactó en la escena nacional con  “Cuerpos Blandos”, una manga de plástico de 300 metros de largo que recorría invasivamente los salones del Museo Nacional de Bellas Artes. Fue la primera intervención urbana y la primera instalación a gran escala de Chile, “lo que modificó radicalmente la concepción tradicional del museo como un espacio donde se disponen obras de arte”, explican en el libro “Arte Urbano”. La manga de Langlois, rellena de papel picado de El Mercurio, partía en las bodegas y el subsuelo del Museo, pasaba por escalinatas y barandas, hasta proyectarse y salir por uno de los ventanales del frontis hacia la calle. Por si eso no fuera suficiente vanguardia, la manga estaba hecha de materiales desechables, en contraste con los elementos tradicionales del arte como óleo o bronce.

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foto santiagoadicto cuerpos blandos de juan pablo langlois

Al año siguiente, tres grandes introducían el arte en la vía pública. Mezclando urbanismo y arquitectura con arte cinético, Eduardo Martínez Bonati, Carlos Ortúzar e Iván Vial realizaron los decorados geométricos del paso bajo nivel del Cerro Santa Lucía. “En este encargo, los artistas asumieron la tarea de vincular el arte moderno (abstracto, geométrico y no figurativo) con la modernización de la ciudad. Al costado del cerro Huelén, dispusieron un monumental revestimiento con formas geométricas que sintetizaba el movimiento veloz de los autos al pasar”, dice el texto editado por María Teresa Aguirre y Paula Covarrubias. Tan influyente fue esta obra que, dos años después, Eduardo Martínez Bonatti recibiría el encargo de seleccionar a los artistas que aportarían con sus trabajos para el edificio de la UNCTAD III (hoy GAM).

foto santiagoadicto mural paso bajo nivel Cerro Santa Lucía Patricio Cabezas

foto santiagoadicto mural paso bajo nivel Cerro Santa Lucía y, atrás, mural gabriela mistral en construcción, año 1971 @alb0black

Cuando terminaba la década de los setenta, Alfredo Jaar, quien hoy es el artista chileno más influyente a nivel internacional, lanzó sus “Estudios sobre la felicidad” (1979-1981). La idea era usar la ciudad para preguntarle a la gente en la calle “¿Es usted feliz?”. Lo que hacía Jaar era “que ponía en cuestión un sentir público, a partir de un proceso de diálogo (algo ya utilizado por otros artistas a nivel internacional como Hans Haacke o Joseph Beuys). Además, la obra se insertaba e interrumpía la vorágine visual que había comenzado a percibirse con la publicidad hacia comienzos de los ochenta”, comenta el licenciado en Teoría e Historia del Arte, Ignacio Szmulewicz. Un verdadero hito en la historia del arte público en la capital de Chile.

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foto santiagoadicto Alfredo Jaar y su intervención urbana en 1979 en Alameda con Carmen. Aporte de @alb0black

foto santiagoadicto Alfredo Jaar y su intervención urbana en 1979

En 1990, la Municipalidad de Santiago convocó a un concurso titulado “Un Mural para Santiago”. El ganador fue el artista visual Enrique Zamudio. Y su obra debe ser una de las más vistas y, al mismo tiempo, una de las que más interrogantes produce. ¿De quién es? ¿De cuándo es? ¿Qué hace ahí en medio de todos esos edificios? Se trata de 620 mts2, en la esquina de las calles Bandera y Compañía, donde el río Mapocho parece fuera de control y apunto de anegar la ciudad. “La intensa y sostenida exposición del mural a la luz solar y a la contaminación han ido borrando ciertos detalles y apagando sus colores. Entonces la obra opera también como una metáfora de lo que acaece con ciertas imágenes de la memoria, que van modificándose inadvertidamente, cuando creíamos que en ellas permanecía el pasado congelado”, detalla el filósofo, y Director de Investigación de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Sergio Rojas.

foto santiagoadicto enrique zamudio un mural para santiago

Una década más tarde, exactamente el 25 de enero del año 2000, ocurrió algo que dejó a los santiaguinos boquiabiertos. En pleno centro de la ciudad se inauguró “la casa de vidrio”, de los arquitectos Jorge Cristi y Arturo Torres. En un sitio eriazo, en Moneda con Bandera, desplegaron su proyecto de arte arquitectónico “Nautilus, La Nueva Casa Transparente para Armar en su Lote Suburbano”, que financió el FONDART. Allí, la actriz Daniela Tobar, de 21 años, se instaló a vivir en un espacio transparente de 4 x 2 metros cuadrados, en el cual hacía todo lo que uno hace en una casa. El escándalo no tardó, el acoso a la actriz tampoco, y eso implicó que Daniela tuviera que ser reemplazada por el actor y profesor Víctor Hugo Ogaz. Como es de esperar, el interés ya no fue el mismo y, finalmente, el 8 de febrero, la casa fue desarmada por sus creadores.

foto santiagoadicto casa de vidrio

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