Regina Spektor: Pop sofisticado

9 de agosto 2012
por Manuel Maira.
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Warner Music

Dicen las biografías que Regina Spektor nació en Moscú y debió mudarse a Nueva York con su padre fotógrafo y violinista y su madre profesora de música, cuando tenía nueve años. Entonces llevaba tres tocando el piano y su sueño seguía siendo convertirse en concertista clásica. Pero en su adolescencia neoyorquina, se cruzó con el rock, el hip hop y el punk para abrazar una fórmula que hoy la tiene brillando como una de las voces femeninas más interesantes de los últimos años.

Lo que hacía de manera íntima y artesanal en sus primeros dos discos –“11.11” de 2001 y “Songs” de 2002-, se hizo algo más conocido con un tercero que llamó “Soviet kitsch” (2004). Pero la explosión planetaria vino dos años después con “Begin to hope”, una colección de canciones que tuvo un trío de hits radiales que llevaron por error a confundirla con una más de las superficiales cantantes de baladas que sobran en el mundo del pop.

En estos días, la pálida colorina que pasa por tímida hasta que se larga a cantar apasionada junto al piano, está de gira presentando un disco que llamó “What we saw from the cheap seats” y que bien resume la profundidad de una chica versátil, llena de matices y dueña de la oscuridad suficiente para darle una vuelta al pop azucarado que abunda en los ránkings.

Canciones llenas de exquisitos quiebres y detalles, cantadas con voces que suben y bajan por senderos que conducen a la música clásica (“Ballad of a politician”), la balada sombría (“How”, “Firewood”) y la efectividad radial (“Don’t leave me…”), marcan lo último de un nombre que sigue agrandando un interesante cancionero de pop sofisticado.