Viaje a Trancoso

22 de febrero 2016
por Virginia de Maria.
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Para llegar a Trancoso es necesario tomar dos aviones, un ferry y dos viajes en auto desde Santiago de Chile. Está en el norte de Brasil y es ahí donde llegan aquellas personas que de verdad quieren lo que allí encuentran: paz, belleza, colorido y cultura local. Y como somos una familia 4×4, nos decidimos a hacer este viaje/aventura sin preocuparnos demasiado de los contras. Al contrario: sólo ponderamos los pro.

Ojo: No todo era despreocupación antes de partir. Recuerden el bichito amenazante que repartía el virus Zika. Por supuesto que fue un asunto de consideración, pero nos fuimos armados de perfumosos insecticidas y nos dedicamos a pensar en el destino. Y no sólo contemplé repelentes para el viaje, sino una alternativa que podría haber sido de lo más latera, pero que fue aplaudida por mi marido cuando vio el poder que ejercía: llevé un coche de guagua. Si bien mi hijo menor tiene dos años y medio (y ya puede robarse los chocolates del refri), consideré que era la mejor opción para descomplicar las cosas. Bebé Rafael tiene la fama bien ganada de ser un flojo, por lo que era inminente el uso del coche. Lo que no vimos venir, fue que un coche de bebés te abre las puertas como si fueras Beyoncé: En brasil te ven con un coche y de inmediato te invitan a pasar primero, a no hacer colas, entrar a los VIPs y otros lujos cuando uno viaja con 3 niños.

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A propósito de niños y viajes… PADRES, APÉRENSE. Consideren que desde que son papás, sus hijos los ven como unos Kinder Sorpresa gigantes. Los enanos están formateados para pensar que dentro de tu cartera o bolso llevas mil cosas para entretenerlos. Y, ¿saben qué? Es así. Sobre todo cuando el viaje en avión puede producirles un tedio horrible (y sabemos que del tedio a la pataleta hay sólo un pasito pequeño de distancia). Por eso, fuimos los papás McGyver de ese vuelo: llevamos cada uno de los productos que pensó Steve Jobs, libros para colorear, lápices, snacks…

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Primera parada: Guarulhos. Aquí me detengo un poco, porque hay dos tips importantes a considerar, si están pensando en viajar a Trancoso:

TIP 1: Nosotros no sabíamos que las maletas que no llevan rueditas pasan por “artículos frágiles”, por lo que se van a un lugar más feliz que las otras. Es por eso que demoran más en aparecer en la huincha de retiro. Lo menciono para que no desesperen: ya aparecerán y no se fueron a Bali.

TIP 2: El asunto del cambio de moneda es importantísimo. Sobre todo, cuando se viaja en familia y el gasto no cesa. ¿Qué hacer? Comprar dólares en Chile, luego cambiarlos por Reales en el aeropuerto y decidirse a cambiar TODOS los dólares. Así obtendrán un descuento que no deja de ser importante.

Imaginen el resto del trayecto hasta llegar a Trancoso: humedad al 1000%, frizz capilar nunca antes visto, energía pre Carnaval y brasileros hablando a la velocidad de la luz. Tip para que hablen lento: “FALE DEVAGAR, POR FAVOR”. Eso es, sencillamente, “hable más lento, por favor”. Por lo menos te sentirás más local diciendo eso.

Trancoso mismo es una sorpresa. Un pueblo que asombra por lo sencillo de su distribución. De hecho, todo pasa en un cuadrado. Algo así como una plaza, que tiene una iglesia que le da las espaldas al mar, una cancha de fútbol y donde la gente se reúne. ¿Cómo se llama ese cuadrado? Pues Quadrado.

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Gracias al sistema de Airbnb, conocimos a una pareja que nos arrendaría su casa, no sin antes preguntarnos desde el grupo sanguíneo hasta nuestra música favorita. Fueron muy acuciosos al elegirnos y tenían todo el derecho: SU CASA ERA ESPECTACULAR. La idea era que en Trancoso viviéramos la vida local. Y lo hicimos.

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La vida en Trancoso es reposada y sin velocidad. De 10:30 a 17:00 es estar en la playa y saludar a los vendedores ambulantes, quienes hacen su trabajo a la perfección: no insisten en que les compres sus pareos, bikinis o aguas de coco. muy por el contrario, tú pareces buscarlos a ellos detrás de unas piñas pequeñitas o el famoso queso caliente. Todo en la playa es pintoresco; un verdadero desfile de colores. Y como existen tantas actividades para los niños (entre clases de surf y paseos en caballo), ni siquiera piden su siesta diaria.

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La naturaleza, por supuesto, es perfecta. Algunos de los atractivos son:

PLAYA DE ESPEJO: Sus arrecifes que crean bellísimas piscinas naturales, verdaderos espejos de agua. De ahí su nombre. Cuidado con permanecer boquiabierto mucho rato, para no tragar mosquitos.

CARAIBA: Literalmente es un pueblo construido sobre la arena, lo que significa que quienes viven allí no tienen calles, no hay numeraciones, se trasladan en burro, no tienen señal de celular y, por supuesto, es la definición del hippismo. Con todo lo bonito y extremo de esta experiencia, habría que “evaluar” la idea de ir con tres enanos. Sólo puedo decirles que hay mucho movimiento, mareo y vómito en cadena.

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ARRAIAL D’AJUDA: Esta es la devuelta de mano para los niños, después de que sus padres lo han pasado chancho en restaurantes, la playa y regaloneando. Tiene una oferta de parques de piscinas que realmente los deja felices y cansados.

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ARTÍCULOS DE COCINA Y DELICATESSEN – LE MARCHÉ: Una tiendita pequeña, deliciosa y bien cuidada con artículos para los amantes de la cocina. Fue como mi Tiffany’s.

HELADOS MONTERREY: Si digo que TODAS LAS NOCHES íbamos por un helado a este lugar, tras comer, no exagero. Sabores naturales, extravagantes y maravillosos, como el helado de coco natural relleno de brigadeiro (el postre de Brasil por excelencia).

RESTAURANT: MARITECA: Este es el lugar perfecto para comer en familia. Tienen de todo para que tus hijos se sientan cómodos, como cojines. Los adultos gozan la comida y el menú es “kids friendly”.

La verdad es que Trancoso entero es “Kid Friendly”. Todo a nuestro alrededor nos decía que estábamos en casa, nuestros niños gozaron como nunca y decidimos en grupo que de ahora en adelante viajaremos así; intentaremos ser lo más locales posibles y así llevarnos un pedacito de cultura con nosotros. El problema ahora va a ser encontrar un lugar que supere a Trancoso… Y bueno, si volvemos el otro año, ¡qué tanto!